Bajo las escaleras, el calor humano del metro me rodea, es calor humano, con concentrado olor , pero no importa es bienvenido. En las calles hace frio y mientras bajo las escaleras mecánicas por lo menos se está caliente.
Me cruzo con un gente que va i viene, bueno autómatas que van y vienen desde y hacia no se yo donde.
Llego al andén donde un chirrido recuerda que llega el metro.
Ojos, ojos, ojos, ojos, ojos que miran, ojos perdidos en la nada, ojos que miran para si adentro concentrados, más ojos y más ojos. Exactamente dos por cada individuo, ni uno más ni uno menos. Ojos, verdes, azules, marrones, miel, grandes pequeños, achinados, ovalados, incluso virojos, pero todos ellos tienen algo en común.
Debajo de cada ojo aparece una ojera. Ojeras, ojeras, ojeras… me fijo y miro a cada uno de los pasajeros, todos tienen las mismas ojeras.
Será el cansancio? Será tristeza? Qué es eso que a la gente tanto le cansa? El día a día? Es tan cansada la rutina?
Solo hay una manera de no ver las ojeras , este síntoma de lastre, es cuando las camufla una sonrisa o un brillo en los ojos. El brillo en los ojos eclipsa las feas bolsas, es una pena que haya poca gente con brillo en los ojos.
De aquí en adelante pensaré siempre en positivo, para que me brillen los ojos, para que puedan servir de lucero a alguien, alguien a quien mis ojos puedan hacer brillar los suyos.